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Divulgación Científica


La mesa editorial da la más cordial bienvenida a esta sección del portal, cuyo propósito es informar al lector de manera breve, clara y documentada sobre algunas de las muchas bases profesionales que se han desarrollado en el campo de la divulgación científica en México, mismas que se han usado a lo largo de este proyecto con el fin de hacer accesible el material de carácter científico a un amplio público.

Nuestro objetivo es que todo lector que así lo desee pueda, sin importar su formación académica o profesional, tener acceso a la selección de temas y materiales relacionados con la divulgación científica. El principal interés es fomentar una cultura general y reflexiva sobre el desarrollo de la divulgación científica como una disciplina que comienza a cobrar fuerza en nuestro país.


I. El concepto de la divulgación científica.

Tanto la divulgación como la difusión de la ciencia son un acto de comunicación. La comunicación, por su parte, es un proceso en el que intervienen un emisor, un mensaje, un receptor, un medio (el canal en el cual se transmite el mensaje), y un contexto (Tappan y Alboukrek, 1992). Para Luis Estrada (1981), estos dos discursos de comunicación plantean la figura de un emisor poseedor de un saber que dirige una información a un público que busca entender. Sin embargo, respecto a la difusión es necesario delimitar este término y diferenciarlo del de divulgación de la ciencia.

La difusión de la ciencia, por ejemplo, hace referencia a la comunicación entre "pares", es decir, entre especialistas y colegas que expresan resultados y logros, proponen líneas de trabajo y buscan encuentros productivos entre múltiples disciplinas. De esta forma, la especialización establece una relación simétrica entre el sujeto que comunica (YOc) y el sujeto que interpreta (TUi) respecto al estatuto de "saber" (YOc = TUi), situándolos dentro de un marco socio-profesional o técnico delimitado y específico (Berruecos, 1995).

Por otro lado, la divulgación de la ciencia, según Ana María Sánchez Mora (2002), se define como una labor multidisciplinaria, cuyo objetivo es comunicar el conocimiento científico, utilizando diversos medios, a diversos públicos voluntarios recreando ese conocimiento con fidelidad y contextualizándolo para hacerlo accesible.

Contrario a la difusión, la divulgación marca la distorsión del estatuto de "saber" entre los socios (YOc ≠ TUi), ya que el sujeto que comunica posee un "saber" respecto a un dominio específico que el sujeto interpretante no tiene (o supuestamente no posee). Por lo tanto, en la divulgación científica los socios no participan en la interacción conversacional, como tampoco comparten el mismo "saber", por lo que se hace referencia a ésta como la comunicación entre "no pares" (Berruecos, 1995).

De esta forma, la difusión implica un receptor preparado, mientras que la divulgación implica la figura de un público en general. Desde nuestra perspectiva, la difusión en México se hace para un público homogéneo de nivel universitario y de posgrado, o bien especializado, que busca su actualización en alguna rama específica o en áreas afines (Berruecos, 2000). Uno de los numerosos proyectos de difusión científica que existen un nuestro país es el sitio de Internet llamado Cienciorama (http://www.cienciorama.unam.mx/), generado desde la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM y al cual invitamos a visitar a todos nuestros lectores.

La divulgación, por su parte, no implica el mismo nivel de conocimientos entre el emisor y el público al cual va dirigido, por el contrario, el público es heterogéneo y no necesariamente busca aprender (Berruecos, 2000). Dos de los varios proyectos con este objetivo en nuestro país lo representan la revista ¿Cómo ves? (http://www.comoves.unam.mx/) también generada desde la DGDC, así como el presente sitio de Internet (http://www.divulgacion.ccg.unam.mx/) que se ha generado desde el Centro de Ciencias Genómicas (CCG), ambas instancias de la UNAM.

Vale la pena señalar que los términos usados en otros países para esta actividad han sido acuñados por muchos para definir esta función social en México, tales como "comunicación social de la ciencia o difusión de la ciencia" (en inglés a menudo se le llama science comunication), "popularización de la ciencia" (en inglés: science popularization), o "vulgarización de la ciencia" (en francés: vulgarisation scientifique) (Sánchez-Mora, 2003). Todas estas formas --con cualquiera de sus precisiones-- abogan por desmitificar a la ciencia y hacerla presente en la vida cotidiana. Por todas estas características es por lo que, en un artículo sobre el lector y el texto de divulgación científica, Ana María Sánchez Mora (1995) hace la siguiente reflexión:

"El problema de la divulgación de la ciencia es de gran complejidad. Atacarlo es tan difícil como apuntar a un blanco móvil. La divulgación es una labor que no admite una sola definición y que además, cambia según el lugar y la época. Para unos divulgar sigue siendo traducir; para otros enseñar de manera amena, o informar de manera accesible; se dice también que divulgar es tratar de reintegrar la ciencia a la cultura" (Sánchez-Mora, 1995:9).

Es pertinente hacer una reflexión conceptual más sobre la divulgación científica, y es la que relaciona a ésta con la enseñanza. Un producto de divulgación científica puede, como una de sus intenciones o no, generar un conocimiento perdurable en su público. Sin embargo, esto dista de lo que representa la “Educación formal” a través de la enseñanza y su producto, el aprendizaje, los cuales son resultado de un proceso complejo que no sólo involucra la generación y recepción de mensajes sino también interviene lo que Martín Bonfil (2006) llama un contrato educativo: “el compromiso que el alumno adquiere de seguir las indicaciones del profesor y someterse a una evaluación para verificar que el aprendizaje haya tenido lugar” (Bonfil, 2006:11). A través del contrato educativo, la enseñanza garantiza que se logre un conocimiento adquirido, perdurable y significativo en la estructura conceptual del receptor. La enseñanza puede incluso tomar diversos productos o técnicas que se emplean en la divulgación científica para lograr que su contrato educativo sea eficiente, sin que ello implique que el objetivo original de los elementos tomados de la divulgación persiga el mismo fin. La divulgación científica puede aspirar a lograr la comprensión de su receptor, pero aspirar a un aprendizaje sería un tanto ambicioso; en especial si tomamos en cuenta que esta forma de comunicación está dirigida a un público que por definición es voluntario (Bonfil, 2006).


II. El papel de la divulgación científica en la sociedad.

Como una actividad humana más, la ciencia refleja de manera inevitable los puntos de vista y los valores de la sociedad en la cual se encuentra inmersa. En este sentido, la divulgación desempeña un papel importante en la escenificación y construcción de la representación social de la ciencia y sus actores. El discurso de divulgación expone una serie de procedimientos de sustitución del léxico especializado que reflejan, proponen y constituyen representaciones sociales. Éstas son escenificadas en función de la formación del divulgador, del objeto por comunicar y los medios para hacerlo, así como del público-meta, en un contexto histórico-social determinado (Berruecos, 2000).

La divulgación se efectúa principalmente por conducto de los medios masivos de comunicación. Por lo mismo, se inscribe dentro del discurso de información cuya función es la mediación y se constituye como una “transacción”, cuyo objetivo de intercambio es un cierto tipo de saber, en este caso, científico. Ante la indudable heterogeneidad tanto de la sociedad como de sus medios de comunicación masiva (televisión, radio, prensa, revistas, páginas web, conferencias de divulgación científica, etc.), se debe señalar que cuando se interactúa de la divulgación de la ciencia, tanto para quien la realiza como para quien la recibe, es importante delimitar lo que implica “hablar de la ciencia”. Carlos López Beltrán (1985) argumenta que la ciencia puede entenderse a través de tres componentes que si bien se encuentran estrechamente relacionados, también tienen diferencias importantes: el conocimiento científico, la actividad científica y la comunidad científica.

A grandes rasgos, el conocimiento científico hace referencia a todo aquel conocimiento que se ha originado y validado como científico. En el área de las Ciencias Genómicas por ejemplo, se ha pretendido en este proyecto divulgar el conocimiento científico de conceptos tales como genoma, gen, organismo, material genético, fenotipo, genotipo, entre muchos otros. Por su parte, la actividad científica hace referencia a toda aquella actividad humana con ciertos estándares y formación académica previa para generar ese conocimiento; en este proyecto también se podrá encontrar material que divulga la actividad de la ciencia a través de experimentos o reformulaciones teóricas que atañen al área de la Ciencias Genómicas, tales como la secuenciación de un genoma, la clonación de cepas bacterianas, la búsqueda automatizada de genes en un genoma, entre otros. Finalmente, la comunidad científica hace referencia al grupo o grupos de personas inmersas en el quehacer científico que ejercen y regulan mediante la comunicación, consensos y acuerdos, la validación del conocimiento y actividad científica (a partir de las instituciones, revistas de arbitraje a publicación de artículos científicos, cuerpos académicos de un proyecto de investigación, etc.). Así, este proyecto de igual forma ofrece a nuestros lectores material audiovisual que pretende divulgar de forma informativa y reflexiva sobre el ambiente de la comunidad científica en el área de las Ciencias Genómicas.

Como se ha visto, la posición del divulgador, el medio y el público están en estrecha relación con el interés en el tipo(s) de componente científico, con la pluralidad de voces que se muestra en su divulgación y con el nivel de la misma, a la vez que inciden en una gran cantidad de representaciones sociales que se convocan en el discurso de divulgación científica (Berruecos, 2000). Es posible concentrar todos los posibles motivos o finalidades por los que se desarrolla la divulgación científica en al menos tres objetivos alcanzables de forma gradual: a) la comprensión, y b) la responsabilidad pública sobre la ciencia (Jorge Wagensberg, 2003), así como c) la apreciación pública de la misma (Bonfil, 2005).

Podríamos decir que gran parte de la divulgación científica que se ha llevado a cabo en nuestro país tiene por objetivo primario la comprensión de los principios básicos del área científica en cuestión, ya sea para incrementar el culto intelectual que desea cada individuo o para tratar de exponer un tema científico de amplio interés social. La apreciación, por su parte, no necesariamente implica que un individuo se encuentre interesado por la ciencia o que esté siempre de acuerdo con sus avances; sino que, por lo menos, la valore como una de las principales características del mundo contemporáneo (y, quizá más que ninguna otra, distingue a la época actual de los siglos anteriores). Como lo señala Martin Bonfil (2005), a través de la apreciación de la ciencia el público receptor es consciente:

“…de que, apoyándola o cuestionándola, todo ciudadano debiera ocuparse de asuntos relacionados con la ciencia y tener una opinión al respecto, fundamentada en una cultura científica. Cuando se logra esto último, obtenemos la opinión científica que pide Wagensberg, y se puede decir que tal ciudadano es ahora (al menos en principio) responsable del rumbo que la ciencia toma en su sociedad: hay una responsabilidad social respecto a la ciencia. (Algo equivalente sucede, claro, con la cultura y la responsabilidad políticas de los ciudadanos). En efecto: no es lo mismo comprender algo que apreciarlo; y no se puede tener una opinión responsable de algo que no se comprende.” (Bonfil, 2005:5).


III. Quiénes hacen la labor de divulgación científica.

En primera instancia podemos decir que la labor de la divulgación científica pueden llevarla a cabo divulgadores no científicos y divulgadores científicos. Dentro de los divulgadores no científicos se encuentra una gran rama de disciplinas y formaciones profesionales que se han volcado en la labor divulgativa de la ciencia, tal es el caso de docentes, comunicadores, médicos, literatos, filósofos, entre varios otros. En cualquiera de todos los casos, los divulgadores deben mantener en su producto de divulgación un mínimo de principios que se la caracterizan:

  1. Ser fiel al contenido científico.
  2. Estar dirigida a un público no especializado.
  3. Ser tratada bajo el proceso de recreación divulgativa, a partir de la cual el divulgador tiene que crear un nuevo mensaje con lenguaje no técnico y contextualizado para que sea accesible, ameno y de interés a su público.
  4. Expresarse bajo el convenio de un público voluntario.

Además, el divulgador tiene que integrar las diferentes visiones del mundo forzosamente heterogéneas. El divulgador retoma y reconstruye imágenes; las ofrece en contraposición; las expone al público en una suerte de balanza, brindando al mismo tiempo una semantización de la ciencia y de sus actores (Berruecos, 2000), que de forma contraria, el lenguaje científico resulta prácticamente inaccesible para el lego.

Siendo la divulgación científica una actividad interdisciplinaria joven, el divulgador labora en constantes dilemas, uno de los más importantes es el que relaciona a la recreación con la tensión esencial de la divulgación científica. La función primordial del divulgador es re-crear (volver a crear) el lenguaje original –especializado- de un mensaje científico por otro que sea accesible, comprensible y con el contexto necesario, de tal manera que el público meta pueda encontrar un sentido y su significado. Sin embargo, en palabras de Martín Bonfil:

“¿hasta dónde tiene el divulgador derecho a transformar el mensaje, a usar su creatividad para convertirlo en algo distinto, no sólo comprensible sino atractivo para el lector, sin por ello traicionar el rigor científico de la versión original?” (Bonfil, 2003:9).

A partir de este cuestionamiento, Martín Bonfil (2003) denomina como la tensión esencial de la divulgación de la ciencia a la que existe entre el rigor científico y la indispensable amenidad que es requerida para atraer al receptor. Todo divulgador se encuentra en algún punto entre los dos extremos de esta tensión esencial (rigor y amenidad); no obstante, es importante no caer en ninguno de los extremos, pues de hacerlo se trae consigo riesgos importantes: a) en cuanto un producto de divulgación sea más riguroso y cercano a la ciencia en su versión original (un lenguaje técnico y especializado), más difícil será acceder a éste, puesto que el lector necesitará más contexto previo para poder comprenderlo; mientras que b) en cuanto un producto de divulgación sea más ameno, cuanto más creatividad haya empleado el divulgador para trasformarlo, más alejado estará de su versión “canónica”, y más riesgo tendrá de contener errores o inexactitudes (Bonfil, 2003).

De esta forma, la divulgación científica es una tarea difícil para todo aquel que lleva a cabo esta labor, como puntualiza el filósofo de la ciencia, Carlos López Beltrán (1985), “el divulgador trabaja entre dos fuegos: por un lado, el de la debida fidelidad al contenido científico; y por otro, el del talento requerido en el manejo del lenguaje literario para transmitir ideas y significados.” (Beltrán, 1985:35).

Sin embargo, lo que podría considerarse como uno de los principales dilemas en la divulgación científica, por otro lado la tensión esencial ha constituido un medio para llegar a diversos públicos que persiguen diferentes objetivos al acceder a una amplia diversidad de productos de divulgación. De ahí que, de manera general, se pueda decir que la divulgación científica se mueve en el gran espectro de la tensión esencial (sin llegar a los extremos) para llevar a cabo varias funciones, una función “cultural” que pretende ubicar a la ciencia como una parte de la cultura, junto con las artes y las humanidades; una “reflexiva” que ofrezca diferentes puntos de vista sobre algún acontecer en el quehacer científico con implicaciones sociales; una “social” cuyo fin primario es democratizar el conocimiento científico, ponerlo al alcance de todos los ciudadanos en pro de tomas de decisiones para el bien común; entre muchas otras que no son mencionadas en este artículo.

La compleja labor de un divulgador puede ser ejemplificada a través de la experiencia de la divulgadora Ana María Sánchez Mora, quien recuerda que un día llegó a verla un cierto periodista que, angustiado por conocer la forma de desempeñar lo que sería su nuevo trabajo, le preguntó: "¿Cómo se aprende a hacer divulgación?", obtuvo la siguiente respuesta:

“¿Divulgación? ¿De cuál? ¿Para niños, adolescentes o adultos? ¿Para primaria, secundaria o enseñanza superior? ¿Para científicos de otras especialidades? ¿Por escrito, en vídeo o por radio? ¿Estilo literario o periodístico? ¿Cómo cuento, entrevista, ensayo o guión? ¿Modelo Gamow, Asimov, Sagan, Jay Gould o Dawkins?” (Sánchez-Mora, 2003:4).

Con esta respuesta, Ana M. Sánchez Mora quiso mostrar al periodista la gama de posibilidades que existen dentro de la divulgación de la ciencia. Después de haber obtenido este periodista otras fallidas respuestas a preguntas que le permitieran conocer caminos metódicos y cortos para aprender a hacer divulgación, Ana M. Sánchez Mora fue interpelada con una última pregunta: “¿Cómo puede llegar alguien a ser divulgador?”

Ésta es una de las preguntas más difíciles para la divulgación de la ciencia, Como puede también serlo para otras áreas, tales como las artes. Disciplinas como la ciencia, las artes (plástica, visual, literaria, música, danza), las humanidades, entre otras, poseen un programa, algunas más metódico y formalizado que otras, para poder adquirir una academia mínima que después pueda ser experimentada en el taller donde ejercerá y evolucionará la profesión respectiva. Si bien, la divulgación de la ciencia, es una disciplina joven comparada con la formalización que se ha desarrollado en otros campos, es importante mencionar que, en nuestro país, la UNAM cuenta con un Diplomado sobre la Divulgación de la Ciencia para formar, de manera práctica, a profesionales de la divulgación; y ha tenido tal éxito que ahora ya se cuenta con los lineamientos necesarios que permiten cursar una maestría enfocada en esta labor. El esfuerzo de varias generaciones de divulgadores tratando de realizar, defender y formalizar una profesión sobre la divulgación científica, así como del público mexicano cautivo a su evolución, pueden ahora proporcionar respuestas a algunas de las preguntas que aquel joven periodista y que esperemos varios de nuestros lectores tengan sobre esta innovadora labor científico-social.

Hacia el final de este texto es necesario remarcar que el presente artículo pretende servir de apoyo a la difusión de la divulgación científica, no sólo para crear un panorama general y reflexivo sobre la misma, sino para que el lector conozca la bases profesionales sobre las cuales descansa la elaboración del material de divulgación científica al que aquí accederá en pro de su cultura sobre las Ciencias Genómicas. Sin embargo, para aquellos lectores que gusten de continuar conociendo sobre la labor de la divulgación científica, la mesa editorial de este proyecto recomienda enfáticamente a nuestros lectores la visita a la Dirección General de la Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM (http://www.dgdc.unam.mx/). La DGDC de la UNAM es uno de los pocos lugares en nuestro país donde pueden encontrarse concentrada una gran cantidad de actividades e información sobre la actividad, experiencia e investigación de la divulgación científica. Dentro de sus publicaciones relacionadas a esta labor, se encuentra El Muégano Divulgador (http://www.dgdc.unam.mx/muegano_divulgador/), de donde hemos seleccionado una colección de temas de interés general sobre la divulgación científica y los hemos hecho disponibles en la parte de temas relacionados de esta misma sección. De esta forma concluimos esta introducción y deseamos que nuestro lector pueda encontrar en este sitio web una agradable experiencia de divulgación sobre el área de la Ciencias Genómicas.


Comentarios a: ilozada@ccg.unam.mx


Referencias:

  1. Berruecos V., Ma. de Lourdes (1995). "La producción discursiva de la ciencia". En Argumentos, núm. 23, México, UAM-Xochimilco, pp. 93-108.
  2. Berruecos V., Ma. de Lourdes (2000). "Las dos caras de la ciencia: Representaciones sociales en el discurso". En Revista Iberoamericana de Discurso y Sociedad, vol. 2, núm. 2, Barcelona, pp. 105-130.
  3. Bonfil O., Martin (2003). "La tensión esencial". En No divulgarás, El Muégano Divulgador, núm. 23. Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, México, 9p.
  4. Bonfil O., Martín (2005). “Tres metas para la divulgación”. En No divulgarás, El Muégano Divulgador, núm. 26. Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, México, 5p.
  5. Bonfil O., Martín (2006). “El contrato educativo”. En No divulgarás, El Muégano Divulgador, núm. 31. Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, México, 11p.
  6. Estrada Luis, et al. (1981). "La divulgación de la Ciencia". En Cuadernos de Extensión Universitaria, UNAM, 86p.
  7. Sánchez M., Ana María (1991). "Sobre la elaboración de artículos de divulgación científica. El trabajo en solitario". En Ciencia, núm. 42, Academia de la Investigación Científica, México, pp. 257-261.
  8. Sánchez M., Ana María (1995). "Sobre la elaboración de artículos de divulgación científica. IV. El lector y el texto". En Ciencia, núm. 46, Academia de la Investigación Científica, México, pp. 9-14.
  9. Sánchez M., Ana María (2002). “Guía para el divulgador atribulado I:
    Enseñanza y aprendizaje de la divulgación”.
    En El Muégano Divulgador, núm. 17. Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, México, pp. 4-5.
  10. Sánchez M., Ana María y Sánchez M., Carmen (2003). "Glosario de términos relacionados con la divulgación: una propuesta". En El Muégano Divulgador, núm. 21, Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, México, 9p.
  11. Tappan V., Martha y Alboukrek, Aarón (1992). "El discurso de la divulgación de la ciencia". En Ciencia, núm. 43, Academia de la Investigación Científica, México, pp. 273-278.
  12. López B., Carlos (1985) “La creatividad en la divulgación de la ciencia” en F.Toussaint (ed.), La divulgación de la Tecnología y la Ciencia, COSNET, México. pp. 33-40.
  13. Wagensberg, Jorge (2003). “Los museos de la ciencia: espacios de encuentro para la creación de la opinión pública.” en Rubia, J. L. Percepción social de la ciencia. Madrid. UNED y Academia de artes y ciencias (ed.), España.

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